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Alves, autor de dos goles |
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El panorama había empezado realmente desalentador. Ya a los 15 minutos del primer tiempo Sarmiento se ponía en ventaja con un gol de Valli. Y, sabiendo lo difícil que siempre fue para Defe jugar en ese estadio, nos imaginábamos lo peor. Pero Hernández logró el empate a los 31 minutos para dar un poco de respiro y tranquilidad al Dragón.
Empezó el complemento y todo mal. Ya a los 4 minutos Sarmiento vuelve a ponerse en ventaja con un gol de Luciano Lo Bianco. Para colmo, los de Junín tenían más la pelota y Sanzotti sacaba de todo... Pero apareció el
Negro Alves a los 11 y a los 25 para darlo vuelta y darle a Defensores la tercer victoria consecutiva.
Fue un triunfo que costó muchísimo. Pero este Defensores
Versión 2008 parece que tiene otra actitud. Sabemos que todavía falta para ser el equipo que todos queremos, pero también sabemos que vamos por buen camino. Y ahora nos volvemos a preguntar lo que nos preguntamos hace siete días ¿A cuántos puntos estamos del octogonal?
CRONICA DEL PARTIDO
Por: Martín Sánchez
Mataron un pibe de Vélez. La policía inadecuada de este país con un recurrente poder inservible, encima ríe y pega. Pero por favor, déjenme ser feliz un rato. Le pedí a Román que me dejara derramar esta crónica de este viaje perfecto a Junín con un grupo de amigos. Estaba empecinado en darle la razón al poeta de que al fin los golpes no han de ser tantos. Que alguna vez demasiado amor debía ser correspondido. Con el mismo grupo, Félix, Damián, Mati, Hugo, y a veces el Mosca, el Tano y Daniel seguimos a este equipo tan sin rumbo con nuestros colores a todas partes. En Rosario, la gente amiga de allá, la querida de Central Córdoba, nos dejó infiltrarnos y nos comimos tricota y hasta Kadijevic nos sacaba la lengua cuando nosotros al final del partido nos sacábamos sin importarnos la condición de refugiados. Porque claro, en Primera se matan pero el público prohibido es el de ascenso. Siempre abajo los de abajo. Deglutimos sin agua ocho goles en contra en 30 minutos, sí, ocho, lee bien, en sendas excursiones a ese tenebroso campito de Deportivo Armenio, cuando a la media hora de juego perdíamos 5 a 0 con los de esa colectividad, y cuando a los 17 minutos caíamos 3-0 en el mismo predio con Acassuso. Esparcidos, escondidos, unos por allá, otros por acá, algunos pagando plateas de 35 mangos, otros haciéndose pasar por el padre de un mismo jugador, y terceros acreditados por el Washington Post para la ocasión. Pero seguimos yendo donde Defe late.
Y ayer se nos dio, mierda, el cacho de felicidad. Hay buena gente también en Junín como en Rosario –ah… las viejas épocas de las amistades— y nos parapetaron en la platea pegados a la hinchada de Sarmiento. Y nos entramos a dar patadas por lo bajo cuando vimos que el equipo salió paradito unos metros más adelante, sin tanta vergüenza como otras veces. Al rato le abrí la palma a Damián para ver si me dibujaba la firma del empate, pero, oia, se negó. Cortéz, Cortecito, si te habré pedido, iba por aquí y por allá sueltito, como debe ser, tratando de recuperar la vieja memoria de Defe por el buen fútbol. Pero las bestias de arriba dormían. Al Negro hasta le rebotaban las masitas, y el rubio metió un gol con una pirueta anormal que Dios sabrá –cualquier Dios menos Lapau- si entró. Debo confesar –debemos- que en forma telepática le rogábamos a Stagliano que el Negro no saliera en el segundo tiempo. Pero vaya uno a saber qué pasó. Habrá habido una invasión de musas que se le pegaron en el vestuario, porque lo del Negro Alvez en el segundo tiempo fue lo mejor del Negro Alvez desde que está en el club. ¡Era Robinho! Nos dijimos sin tanta acentuación porque estábamos rodeados. Hizo dos golazos, y el buen arquero Burela de ellos le sacó otros dos, y a la otra bestia rubia, Hernández, le tapó un zapatazo al ángulo. Antes, ellos, se nos habían puesto 2 a 1 con un gol marca Defensores 2007/8, tipo jueguito berreta de computadora: sacó largo el arquero, le picó antes a nuestro amigo y capitán Castro, y volvió a picar ante las narices de nuestro arquero y el más chiquitito de ellos la embocó de cabeza. Pero lo dimos vuelta con Robinho y gracias a la repentina “demencia” de Stagliano. Porque puso a Favano, y después a Amieva, y Defensores siempre tenía cuatro tipos como mínimo atacando , y Cortéz que hacía decir a los plateístas locales “cómo juega ese chiquito”. Tiqui tiqui hacía Defe, y buscaba. Cuatro o cinco goles más nos perdimos. El pibe Cano volvía a demostrar que, aunque demoró en adaptarse, es un buen volante por derecha, y que por eso, el cuatro debería ser nuestro querido patrimonio Batallini, y que Cano se pueda liberar y que vaya y dibuje. Rarísimo: el DT Stagliano mandó tantas vece al equipo a refugiarse, a asustarse y de locales, y esta vez, y en Junín, metió tres cambios ofensivos. ¿Habrá entendido, por fin, que todo puede ser mejor si se intenta jugar sin prejuicios? ¿Alguien le habrá pasado la receta de nuestro paladar? ¿De golpe Stagliano se habrá hecho defensorista?
La hinchada de Sarmiento quedó hirviendo. “Que se vayan todos, que no…” y el “andate Ginarte la…” retumbaban en nuestro oídos, mientras nuestras amígdalas y nuestros huevos no se explicaban qué hacían tan juntos. Es que no podíamos festejar, abrazarnos, gracias otras vez a don Julio Humberto.
El quilombo que dejamos por haber sido después de (¿una vida?) un equipo respetable. Dicen que hacía diez años que no ganábamos en Junín. Yo no me acuerdo cuando fue le última vez. Pero es tan sencillo el fútbol cuando sólo se lo quiere jugar. Y es tan lindo cuando no se lo ensombrece con mezquindades. Y si estás hablando de tu equipo, bueno, como nos pasó a nosotros ayer en Junín, por fin te afanás un cacho de felicidad.